Me deja los dedos marcados y la mejilla caliente y ardida.
Me obliga a dejar ese pensamiento casi infantil de "Si no lo veo no existe.. si no lo veo existe"
Y de pronto ya nada es tan inocente ni tan divertido.
Tal vez es lo que sentiría el ladrón si mirase a los ojos a su víctima.
O el médico si su paciente dejara de ser una historia clínica.
O yo, que nunca pude ser lo suficientemente egoísta e inescrupulosa.
Sopapo. Cachetada. Zamarreo.
Ahora lo veo, existe, está ahi. Y espera una respuesta

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