21 abril, 2011

Aida

De tanto en tanto tengo el mismo sueño recurrente.
Ya sea en mi casa o en la suya, ELLA viene a visitarme.

La miro, no tengo miedo. Me soprendo y me emociono. Ella me mira y me dice que lo sabe todo, que es breve la visita pero aquí esta. Aprovechemos. Y yo siento que rebalso de felicidad y no quiero desperdiciar ni un solo segundo.

Nunca recuerdo exactamente de que hablamos o que hacemos, salvo detalles.
Supongo que le digo cuanto me gustaba su sopa.
Y cuanto extraño su voz y su carcajada sincera haciendo eco en los rincones de mi casa.
Casi como que nos veo a mi hermano y a mi, acovachados bajo su ala. Nada malo podía pasar nunca. Inconmensurable sentirse ASI de amados. ASI. TANTO.
Intuyo que le pregunto si me vio todos estos años, si está orgullosa de mi, si me perdona no ser la princesa que era a sus ojos.. hubiera querido serlo.

Sé que ella sonríe infinitamete y me acaricia con esas manos tan suaves que sostuve entre las mías hasta el último minuto. Quedate. QUEDATE. Te extraño.

Todo ese tiempo que en todos estos años le pido. Disfrutarla un ratito mas. Un ratito y se va. E indefectiblemente siempre me despierto, con una extraña sensación de plenitud y felicidad y con la certeza de que estuvo aquí. Cierro los ojos y cruzo los dedos. Le vuelo un beso al aire pensando que tal vez todavía estás un poco acá y te llega. Te espero.