07 enero, 2012

Lapsus

Un día, cuando tenía mas o menos 16, cerré los ojos.

Los abrí de nuevo recién hace poco.



¿Que fue de ese lapsus de tiempo, de cosas que yo viví
y a la vez siento tan ajenas?
Tan inconmensurablemente inconsciente y feliz.
Que sigo siendo yo. Que ya no volveré a ser.

24 diciembre, 2011

Felicidad

No me importa cuan efímera y volátil seas.
Tal vez dures lo que un suspiro.
No me importa, acá estás.
Bienvenida.

16 diciembre, 2011

FINALE

Siempre que escribo nunca pienso en el final.
No existe. No se si lo tendrá por eso nunca lo tengo en mente.
Odio escribir con presiones.
Odio escribir con tiempos.
Odio escribir con limitaciones.
Odio tener en claro desarrollos y mucho mas finales.

Saber como termina el cuento, leer el final aún sin saber como se llega a ÉL es aburrido.
Es descorazonante. Hace inútil arriesgarse a la aventura de leer y/o escribir. Hace tangible la realidad de que existe un TOPE. Un LÍMITE. Un HASTA ACÁ. Un MÁS NO. Un BASTA.

Me conozco el final de esta historia carente de título aún antes de terminar el primer párrafo.

Odio escribir con limitaciones. Aun así escribí. Y ahora el final no me sorprende.

13 diciembre, 2011

KNOCKOUT

Me calzo los guantes. Ajusto.
La adrenalina de la pelea. Se tensa la mandíbula. Se inflaman las venas.
Anticipación. Taquicardia.
Fueron horas interminables de práctica. Contra el punchingball. Contra otros.
Estoy preparada. Lo siento. Lo sé.

Y sin embargo subo al ring y me reconozco indefensa. Vulnerable. Frágil.
Taquicardia. Miedo.
Levanto los antebrazos en posicion de defensa.
Es lo único que me queda.
Salto. Evado. Me agacho.
Esquivo algunas. Recibo otras. Me duele. Me parto.
Pero aguanto. Porque tal vez si aguanto lo suficiente el golpe se convierta en abrazo.

                                            Cross de derecha. Uppercut de izquierda.
                                            Miro a la esquina. Vacía. Nadie a quien pedirle que tire la toalla.
                                            Estoy contra las cuerdas.
                                            Golpe al pecho. Ahogo. A negro.

                  Cuenta regresiva.
                                            Siempre pierdo.
                                            Knockout.

29 noviembre, 2011

Lluvia

El sopor de una tarde interminable se interrume de repente.
Llueve.
Hermosa sorpresa.
Llueve con gotones grandes, pesados, inevitables.
Y yo le escapo a la protección del alero. Cierro los ojos. Respiro hondo. Sonrío.
Los OTROS me pasan corriendo. Escapan. Fruncen el ceño sin darse cuenta que huír es ...
Huir es un desperdicio.

Me paro en la esquina y hasta casi me imagino las miradas desconcertadas de los que me ven.
Y hasta casi q me imagino algun brazo que reprime sus ganas de tironearme de vuelta bajo el alero. Y hasta casi q leo los pensamientos de aquellos que cuestionan mi sanidad mental.

Cierro los ojos. Respiro hondo el perfume de Noviembre potenciado por la tormenta. Sonrío.
Siento como el agua me recorre. La ropa se hace segunda piel y se pega al cuerpo como si no existiera.
El pelo se pega a la cara y adivino que lo que hasta hace minutos era un pulido maquillaje vetea mis mejillas de negro. Sigo el recorrido de una gota por la nuca que se zigzaguea y se pierde.También me pierdo.

Me acuerdo de ELLAS y nos veo adolescentes, empapadas bajo la lluvia de Caballito, riéndonos.
Pienso en EL, y lo veo mirando las gotas que recorren la ventanilla del tren, sonriéndoles.
Y no se muy bien por que, pero me acuerdo de ELLA. Y yo sonrío también. Mas.

La tormenta amaina y es hora de volver. Abrir los ojos y mirar alrededor.
Lo que queda son los resabios de minutos de caos. Y libertad.

14 octubre, 2011

TÓMBOLA

A veces se me ocurre
que la vida es como una gran TÓMBOLA
Nada está en mis manos
Salvo el girar de la manivela
Salvo el repiqueteo de los DADOS entre los dedos
Aprieto. Beso los nudillos deseando SUERTE. Cierro los ojos
Me entrego a los designios del AZAR


¿Lo que TOCA, TOCA.. la SUERTE LOCA?

23 agosto, 2011

RUTA

El camina. Al paso se acomoda la corbata, mira el reloj, piensa en que habrá de cenar.
Pero camina. No para. No merece la pena parar por nimiedades de la cotidianeidad.
El corre. Todo debajo de sus pies aumenta la velocidad y hay que mantenerse acorde con el entorno.
Entonces corre hasta que las gotas de sudor le empapan el cuello de la camisa. No importa.
Porque ALLÁ ADELANTE es la meta. No sabe muy bien que hay, ni siquiera distingue la sombra de lo que se esconde allá adelante. Pero no importa, porque al girar la cabeza ve que todos corren para el mismo lado. Entonces no pregunta y corre. Por el lado le pasan los cuerpos de algunos que corren igual que él y los cuerpos de algunos otros que vencidos se dejan caer. Casi ni los ve. Son como esa mezcla de colores difusos que se ve desde la ventanilla del tren. Y en la carrera esquiva sopapos y recibe otros; esquiva balazos y recibe otros; esquiva abrazos y no se acuerda si recibió unos nuevos porque el frenesí de la corrida ha anestesiado su cuerpo de tal manera que su piel se ha hecho inerte a los estímulos del exterior. Justamente por eso camina y corre. En algún lugar de su psique se ha instalado la idea de que allá adelante la apatía le dará paso a todas esas otras sensaciones que hoy por hoy duda si tuvo o soñó. Y no se permite dudarlo. Dudar de la plenitud de allá adelante implica parar hasta incluso de caminar. PARAR. PENSAR. Si no hay nada allá adelante, ENTONCES QUÉ?